Este es un postre típico de Galicia en carnavales, mi tierra natal.
Aunque desde bien chica, no viva allí, las raíces son las raíces, y una sigue vinculada a esa tierra tan maravillosa, a sus paisajes, a sus manjares y como no, a sus gentes.
Siempre que llegan estas fiestas, me gusta prepararlas, lo que me hace sentirme un poquito mas cerca de ella y de todos es@s amig@s que tengo desde mi infancia perdidos por muchos rincones de esa mi tierra.
No se trata de una receta "light", todo hay que decirlo, porque aparte de la grasa que ya lleva de por sí la masa, cuando se fríen chupan bastante aceite, pero un día es un día, y dos son dos.
INGREDIENTES:
200 ml de agua templada.
1 pellizco de sal.
100 g de manteca de cerdo (la podéis sustituir por mantequilla ó aceite de oliva)
50 g de azúcar (admite mas azúcar, pero yo no se la pongo)
2 cucharaditas de anises o un buen chorretón de anís.
2 huevos.
500 g de harina.
Ralladura de limón (opcional).
Azúcar glas para espolvorear.
ELABORACIÓN:
Poner en un bol el agua templada, la sal, el azúcar, los huevos, la manteca derretida, la ralladura de limón(si decidís añadírsela) y batirlo todo.
Cuando esté batido, incorporamos los anises y la harina, trabajamos hasta obtener una masa elástica. Si es necesario, le añadiremos un poco mas de harina, hasta que la masa se nos despegue de las manos.
Dejamos reposar la masa durante 30 minutos como mínimo.
Cogemos trozos de masa y vamos estirándola con el rodillo, hay que dejarla muy finita, es el truco de hacer unas orejas comestibles, porque si no, la masa no se nos hará bien por dentro. Cortamos en rectángulos de 20x10 cm aproximadamente, tampoco hace falta ser exactos, ni en el tamaño, ni en la forma.
Ponemos una sartén amplia con bastante aceite a calentar, cuando esté en su punto, las vamos introduciendo y las freímos por ambos lados.
Para darle la forma de una oreja, nada mas introducir la masa en la sartén, en el centro de la masa, con la ayuda de un tenedor la metemos hacia dentro, haciendo un pliegue, esperamos unos segundos para que adquiera la forma, aunque esto no es estrictamente necesario.
Las colocamos sobre papel absorbente, una vez escurridas, las espolvoreamos con azúcar glas.
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